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PLANEACIÓN Y MANEJO AL CAMBIO

         El cambio organizacional puede efectuarse sin planificación y en forma algo caótica o de manera planeada y sin problemas relativos.
1- Evalúe el entorno: los cuatro factores de entorno responsables en mayor medida de estimular el cambio organizacional son:

- Los clientes
- La tecnología
- Los competidores
- La fuerza laboral

2- Determine la brecha en el desempeño: ésta es la diferencia entre lo que la organización desea hacer y lo que en realidad hace.

3- Diagnostique los problemas organizacionales: éste consiste en identificar la naturaleza y magnitud de los problemas antes de adoptar acciones.

4- Articule y comunique una visión a futuro: si los líderes no formularon una visión nítida y persuadieron a los demás para que pusieran toda su dedicación en la consecución de la visión, no podrían generar el entusiasmo y los recursos necesarios para producir un cambio cultural a gran escala. Por eso el líder debe enviar mensajes congruentes y continuos.

5- Desarrolle e instrumente un plan estratégico para el cambio: un plan estratégico para el cambio debe ser un programa de acción. El plan estratégico debe adoptarse solo después de considerar toda gama de métodos opcionales para promover la transformación. En un plan estratégico de cambio se articulan los objetivos de cambio y se describen las medidas específicas que deben utilizarse para dar seguimiento y evaluar los progresos que vayan dándose en función de tales objetivos. El plan estratégico proporciona una agenda para la instrumentación y la evaluación.

- Considere opciones: se deben valorar todas las opciones, lo mismo que sus ventajas y desventajas.

- Establezca objetivos: los objetivos deben ser realistas, plantearse en términos claros y medibles, concordar con las metas y políticas generales de la organización y ser alcanzables.

6- Hacer planes para reducir la resistencia y anticiparse: hay que entender porqué la gente se resiste al cambio y lo que puede hacerse para vencer tal resistencia.
Los individuos tienden a resistirse al cambio por cuatro razones:

- Temor: ciertas personas se resisten a cambiar porque temen que no podrán desarrollar las competencias necesarias para salir triunfantes en la nueva situación.

- Intereses creados: los empleados tal vez consideren que los cambios propuestos desbaratarán los acuerdos entre ellos y su empleador.

- Mal entendidos: cuando la gente no entiende las repercusiones. Son malentendidos y la falta de confianza fortalece la resistencia.

- Cinismo: los empleados se rehúsan a respaldar otro programa de cambio y a participar.

7- elabore planes de seguimiento: es necesario dar seguimiento a las reacciones de los empleados, lo mismo que los resultados. Lo ideal sería supervisar muy de cerca los resultados del proceso de transformación.

PLANEACIÓN Y MANEJO

       El cambio está lleno de paradojas- Una dedicación intensa a un cambio, en sí misma, no proporciona las directrices para lograrlo, y nos puede cegar a las realidades de otros que serían necesarios para transformar e implementar el cambio eficazmente. La absoluta carencia es lo que produce las tendencias educativas.

Poseemos mucho conocimiento que podría posibilitar la mejora; la organización de ese conocimiento es en sí un problema del cambio, parte de la infinita regresión; una vez que hemos obtenido un cierto conocimiento del proceso del cambio, nos conduce a preguntar cómo usamos la implementación de ese conocimiento.

 El planteamiento más conveniente consiste en que tengamos la capacidad para comprender el proceso del cambio, localizar nuestro lugar y actuar influyendo en los factores que son cambiables y reducir el poder de los que no lo son. Todo esto requiere de una forma de pensar acerca del cambio que no ha sido característica de los planificadores o víctimas de los esfuerzos pasados por el cambio.

MANEJO DEL CAMBIO

       Aquellas personas que se encuentran en situaciones de tener que responder a un cambio particular, no deben suponer que es benéfico o que es inútil; eso queda claro en el análisis previo. La postura inicial  debe entrañar una evaluación crítica acerca de si el cambio es deseable en relación con ciertos objetivos y  si es “implementable” –en pocas palabras, si vale la pena el esfuerzo, porque será un esfuerzo, si es que vale la pena-. Aquí se pueden aplicar varios criterios, ¿se dirige el cambio a una necesidad que no haya atendido? ¿Tiene prioridad sobre otras necesidades desatendidas? ¿Está informado por algún sentido deseable de visión? ¿Los recursos adecuados (por no decir óptimos) están canalizados al apoyo de la implementación (asistencia técnica, apoyo del liderazgo, etc.)? 

       Si las condiciones no son favorable o no se puede lograr que sean favorables, la mejor estrategia de manejo consistir él en saber lo suficiente acerca del proceso del cambio para que pudiésemos entender por qué no funciona, y por tanto no culpamos a nosotros mismos: podemos también obtener un cierto consuelo al darnos cuenta de que la mayoría de otras personas están en la misma situación de imposibilidad de la implementación. Además, podemos comprender que, en cualquier caso, no se puede supervisar fácilmente la implementación; en un gran número de cambios educativos es suficiente que parezca, que se está implementando el cambio, así como sucede con el uso de algunos de los materiales. En resumen, el problema radica en elaborar lo suficiente el significado en relación con el cambio con el fin de que sigamos en posición de implementarlo eficazmente o rechazarlo, según sea el caso.

       Para el lector que piensa que resistirse al cambio representa una obstinación irresponsable, vale la pena repetir que los programas y las reformas que no son susceptibles de implementación, es probable que causen más daños que beneficio cuando se intentan. La acción más responsable podría ser la de rechazar las innovaciones que están destinadas al fracaso y trabajar seriamente en las que tienen una oportunidad de alcanzar el éxito. Además, en algunas situaciones, la resistencia puede ser la única forma de conservar la cordura y evitar el cinismo total. En la búsqueda de significado en una situación particular de cambio impuesto, podemos concluir que o no hay significado, o que el problema no es más que uno (y no necesariamente el más importante o estratégico) de los muchos problemas que deben enfrentarse. La directriz básica sería trabajar con menos innovaciones pero hacer las mejor, debido a que probablemente no es deseable, y sin duda humanamente imposible, implementar todos los cambios que se esperan, puesto que sabemos del tiempo y la energía que se requiere para una implementación eficaz.

Supuestos acerca del cambio. Los supuestos que asumimos con respecto al cambio son, con frecuencia, poderosas fuentes subconscientes de acciones. Cuando empezamos a entender que el cambio presenta los  rasgos que adjudican las personas que experimentan, comenzamos a ver claramente que los supuestos de  los planificadores del cambio son determinantes extremadamente importantes de si se enfrentan o ignoran las realidades, de la implementación. El análisis del cambio realizado hasta ahora, me conduce a  identificar los supuestos de “si” y “no” que son básicos para un acercamiento exitoso al cambio educativo.

1. No dé por sentado que su versión de lo que debe ser el cambio es la que debe o podrían implementarse.  Asuma que la implementación exitosa consiste en alguna transformación o elaboración continúa de las  ideas iníciales.

2. Dé por sentado que cualquier innovación importante, si es que va a resultar en un cambio, precisa que las personas encargadas de su implementación elaboren su propio significado. Un cambio importante implica una cierta cantidad de ambigüedad, ambivalencia e incertidumbre para el individuo acerca del significado de cambio. 

3. Dé por sentado que el conflicto y el desarrollo no sólo son inevitables sino fundamental para el camino exitoso. Puesto que para cualquier grupo de personas posee múltiples realidades, cualquier intento de cambio colectivo implicará conflicto necesariamente.

4. Dé por sentado que las personas necesitan a la presión para cambiar (incluso en las direcciones que desean), pero solo será eficaz bajo, condiciones que les permitan reaccionar, configurar su propia posición, interactuar con otras personas a cargo de la implementación, obtener asistencia: técnica, entre otras.

5. Dé por sentado que el cambio efectivo se lleva tiempo. El proceso de “evolución en curso”. Las límite irrealistas o indefinidas no reconocen que la implementación acontece gradualmente se puede espetar que un cambio significativo que implique la implementación de innovaciones específicas requiera un mínimo, de dos o tres años.

 6. No dé por sentado que la falta de implementación se debe a un rechazo definitivo de los valores implícitos en el cambio, o una resistencia empedernida a todos los cambios. Asuma la existencia de una serie de razones posibles, rechazo de valores, fuentes inadecuadas para apoyar la implementación, insuficiente tiempo transcurrido.

 7. No espere que cambien todas o incluso la mayoría de las personas o grupos. La complejidad del cambio es tal que es imposible que se produzca una reforma amplia en cualquier sistema social extenso.

8. Dé por sentado que necesitará un plan que esté basado en las anteriores suposiciones y que aborden los elementos que se conocen afectan la implementación.

9. Dé por sentado que ninguna cantidad de conocimiento pondrá totalmente, en claro la acción que debe tomarse. Las decisiones sobre las acciones que deben implementarse son una combinación de conocimiento valido, consideraciones políticas, decisiones improvisadas e intuición.

10. De por sentado que el cambio de cultura en las instituciones es la agenda real, y no la implementación de innovaciones independientes. En otras palabras, cuando se implementan innovaciones particulares siempre debemos prestar atención a si la institución está protegida o no.

 Planeación efectiva. Las suposiciones sostenidas, ya sea consiente o inconsciente, constituyen nuestra filosofía de cambio. El propósito de esta sección es que esta filosofía se vuelva más explícita en cuanto a los conceptos y aptitudes que apuntalan una planeación exitosa, es decir, una planeación que resulta en mejoras en la práctica.

El objetivo fundamental para los planificadores consiste en alcanzar una sensibilidad hacia un proceso de cambio y a las personas que intervienen en él lo cual implica una combinación de investigación y conocimiento experimental. Ambos tipos de conocimientos son necesarios para resolver problemas. En, otras palabras. El cambio no es un proceso plenamente predicible. La respuesta no solo se encuentra buscando directrices ya hechas sino luchando por comprender y modificar sucesos y procesos que son intrínsecamente complicados, difíciles de precisar, y siempre cambiantes Sarason (1971) explica que los agentes del cambio no confrontan sus propios conceptos sobre cómo realizar el cambio y, por tanto, no aprenden a mejorar sus planteamientos.

                  "Louis y Miles extraen varias conclusiones clave de los casos".

1. La planeación evolutiva eficiente debe construirse con la participación directa del director o algún otro líder clave en la escuela (pág. 199).

2. La acción precede a la planeación tanto como la sigue: “En las escuelas deprimidas una de las pocas formas de fomentar el compromiso con un programa de reforma consiste en que ocurra una acción exitosa que represente de manera realista la esperanza de un cambio genuino. La acción eficiente. . . con frecuencia estimula el interés., en la planeación en vez de lo contrario” (Pág. 204).

3. Una multiplicidad de temas suele preceder a las exposiciones y sobre la misión: “Las más ideas tienen que enraizarse. Y ese entendimiento es con frecuencia imperfecto e incompleto”.
Las buenas intenciones aunadas a buenas ideas no son necesariamente suficiente para una acción consiente con ellas.

¿POR QUÉ FRACASA LA PLANEACIÓN?

         El entendimiento de las razones por las cuales fracasan la mayoría de los intentos , va más allá de la identificación de problemas técnicos específicos: como la falta de buenos materiales, una capacitación en funciones deficiente, o un mínimo apoyo administrativo. En términos más fundamentales, el cambio educativo fracasa, en parte, debido, a las suposiciones de los planificadores y, en parte, porque algunos problemas son inherentemente insolubles. En las dos sub-secciones siguientes, se analizan estos dos problemas.

Como hemos visto, para promover cambios específicos se requiere de una cierta cantidad de visión que proporcione la claridad y energía necesarias, pero la visión en sí mismas puede interponerse en el cambio si es que resulta en impaciencia, incapacidad para escuchar, etc. Expuesto en una forma más equilibrada, los promotores del cambio necesitan estar comprometidos y capacitados en el proceso del cambio, así como en el cambio mismo. 
Lighthall manifiesta, como yo lo hago a lo largo de todo este libro, que el cambio educativo es un proceso de enfrentarse a las múltiples realidades de las personas, quienes son los principales participantes en la implementación del cambio. El líder que presupone cómo debe ser el cambio y actúa en formas que excluyen las realidades de otros, está destinado al fracaso.

Los innovadores que carecen de la aptitud para alterar sus realidades acerca del cambio por medio del intercambio con los futuros encargados de la implementación, pueden ser tan autoritarios como los defensores más firmes del statu qua. Esto no quiere decir que las innovaciones no deban tener profundas convicciones acerca de la necesidad de reforma o deban estar preparados para abandonar sus ideas a la primera señal de oposición. Lo que quiere decir es que, por razones que debieron haber quedado en claro en los capítulos 2 a 5, los innovadores necesitan estar abiertos a las realidades de otros; algunas veces porque sus ideas conducirán a alteraciones en beneficio de la dirección del cambio, y en ocasiones porque las realidades de otros expondrán los problemas de implementación que deben abordarse y, al menos, indicarán por dónde-se debe empezar. 

Entre las personas a cuyo cargo está la solución de problemas, es notoria la tendencia a tratar de saltar de sus planes privados la implementación pública de los mismos, sin revisar el número de realidades necesarias para configurarlos de acuerdo con los problemas que perciben los adultos humanos cuya energía e inteligencia se necesitan para implementar los planes.  Sarason (1971), lo expone de otra forma: En pocas palabras, una de las razones básicas por las que fracasan los planes consiste en que los planificadores o las personas que forman la decisión del cambio no se dan cuenta por las situaciones que enfrentan las personas que, potencialmente, lo pondrán en práctica. Introducen los cambios sin proporcionar un medio para identificar y confrontar las restricciones situacionales y sin el intento de comprender los valores, ideas y experiencias de aquellos que son esenciales para implementar algún cambio.








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